Sólo el Eterno puede mantener nuestra llama encendida. En el capítulo 10 del libro de Mateo, el Maestro da un discurso a sus apóstoles después de haberlos escogido. Si uno lee en detalle, el discurso de bienvenida a sus apóstoles es un mensaje con mucho trabajo, necesidad, no les promete riquezas, al contrario, persecución, azotes, llevados a juicio ante gobernantes, encarcelados, pero dice Yeshua esas serán oportunidades para que les hablen a todas esas personas sobre EL y lo harán con la ayuda de su Espíritu Santo. Les dice que van a morir por su causa. Un discurso de bienvenida duro de escuchar para un grupo de 12 hombres comunes y corrientes, sobre todo cuando en una parte les dice »No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada. Porque he venido a poner en conflicto »“ Mat 10:34-35ª NTV.
¿Qué pensaríamos si nos dieran este discurso de inicio cuando el Señor se nos presentara? ¿Le creeríamos y le seguiríamos? No lo sé. Pero una cosa si es clara, seguir de verdad a Yeshua, exige renunciar a muchas cosas (al pecado principalmente) y a dejar muchos dioses entronados en nuestras vidas (dinero, trabajo, personas, relaciones etc… cada uno de nosotros sabemos). Buscarlo cada día, cada mañana nos debería dar paz, ¡si claro!, seguridad ¡también!, fe y esperanza ¡por supuesto!. Pero si lo buscamos de verdad también debería incomodarnos y sacudirnos. El verdadero Mesías vino a poner conflicto, vino a librarnos de esas burbujas de comodidad del pecado y vino a tumbar nuestras filosofías y nociones del bien y el mal.
Si hoy estás con oposición, tienes conflicto por su nombre, o tus ideas pelean con las de Yeshua. ¡Sigue luchando!, ¡sigue adelante! Sigue peleando y pide a El Espíritu Santo que te lleve por el camino. Nadie dijo que cargar nuestra propia cruz y seguirlo sería fácil.
De lo contrario estamos hablando con un dios complaciente hecho a la medida de mis caprichos. otro Yeshua. Cualquiera de nosotros que nos dieran este discurso de inicio