No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Rom 12:19
Esta semana hemos hablado de las consecuencias de la ira y la rabia. Sabemos que hay muchas cosas, situaciones y sobre todo personas que nos irritan y nos ofenden. Estamos constantemente bombardeados de sobreinformación que llena nuestra cabeza y corazón de mucha basura. Muchas veces las personas que nos irritan, ni siquiera lo hacen con intención sino que reaccionamos como el resultado de lo que hemos acumulado en nuestras mentes. El día de hoy te traigo dos consejos para cuando alguien nos ofenda y nos haga daño. En el primer caso, si se trata de un hermano en la fe quien nos ofende, tenemos que ser muy rápidos mentalmente para que nuestro primer pensamiento sea que Yeshua mismo se hizo sacrificio, que pagó por nuestros pecados, y no sólo los nuestros sino también los de todo el mundo. (1Jn 2:2). La palabra nos recuerda que los pecados que nuestro hermano ha hecho contra nosotros ya están pagos. Esto sin embargo no es comodín para que nosotros respondamos de la misma. Somos hermanos de la fe y debemos ser mansos porque el Señor es manso y en caso contrario pedir perdón antes de que se oculte el sol.
¿Qué pasa entonces si la persona que nos ofende es alguien que no cree?, bueno ahí viene el mensaje del verso al principio. David sobre todo cuando era perseguido por Saul, oró por la justicia del Señor y nunca tomó la venganza en sus manos. Escrito está, la venganza es sola y únicamente de YEHOVÁ. Y no nos debería importar, ni cómo, ni cuando el Señor hará justicia. Así que ya sea un hermano en la fe o un incrédulo quien nos ofenda, tenemos dos versos poderosos que deberían darnos tranquilidad y la mansedumbre que Yeshua ya lo tenido en cuenta y lo tiene bajo control.