Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo. Ex4:21 RVR 1960.
Para enfrentarse a un poder tan grande de esa época como lo era el faraón de Egipto, se necesitaba tener mucho coraje y una autoridad que sólo el Dios de Israel podía darle a un mortal.
En la antigüedad como hoy día, enfrentarnos a fuerzas oscuras y de pecado demanda una presencia fuerte de Dios y una vara que haga maravillas. La vara hoy es El Espiritu Santo que vive en nosotros y nos hace llevar una vida en santidad para mostrar las maravillas que ha hecho el Señor en nosotros. Al igual que Moisés, lidiamos con muchos faraones con corazones duros que no aceptan las maravillas que Dios ha hecho en nosotros y se rehúsan a rendir sus vidas al Rey de Reyes. Al igual que Moisés, debemos tener la autoridad y la resiliencia para insistir todas las veces que este en nuestras manos para que al final esos corazones duros se ablanden y den lugar a nuestro Mesías y Salvador.