La familia, el ministerio más retador

Al día siguiente volvió a salir a visitar a los hebreos, y vio que dos de ellos estaban peleando.

―¿Por qué golpeas a tu hermano de esa manera? —le dijo al que estaba golpeando al otro.

―¿Quién te crees tú? —le contestó el hombre—. Supongo que te crees príncipe y juez. ¿Quieres matarme también como lo hiciste con el egipcio ayer?

Ex 2:13-14 NBV

Duele mucho ver a dos personas de la familia peleando, duele más aun cuando uno recrimina al agresor y le responde de la forma como respondió el hebrero a Moisés. Es claro que uno de los ministerios más difíciles es el de la familia que aun no conoce la verdad que los hará libres. Puede pasar que en por querer resolver peleas de la familia, nuestros propios familiares nos tilden de “Usted quien se cree” “Ahora se cree con el derecho de juzgarnos” “No se acuerda que usted también era…y hacía…”. A Moisés le pasó esto con sus propios hermanos. Quería ayudar a sus hermanos, pero ellos le recriminaron y sacaron a la luz el pecado cometido el día anterior. Aunque él estaba revestido de una autoridad de título, carecía totalmente de una autoridad espiritual delegada del Eterno y por eso no fue capaz ni supo cómo enfrentar a sus hermanos cuando lo increparon porque tenía miedo y su pecado lo acobardo.

Con la familia a veces es así. Pero si al contrario de huir como hizo Moisés, enfrento la situación con mis familiares y les respondo “Yo no me creo, yo soy un hijo de Dios”, “No me creo con el derecho de juzgarlos, pero si los llamo a arrepentirse de lo que están haciendo y se pidan perdón” “ Si yo antes era…y hacía…pero ya no. Ninguno de ustedes puede condenarme porque soy una criatura nueva”. 

Se necesita un poquito de coraje y mucho espíritu para hacerlo, pero es nuestro deber intentarlo e insistir por la salvación de nuestra familia.