Y se burlaban: «Es un simple carpintero, hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón. Y sus hermanas viven aquí mismo entre nosotros». Se sentían profundamente ofendidos y se negaron a creer en él. Mar 6:3 NTV
Recuerdo cuando fui al encuentro que cambiaría mi vida desde ese día y para siempre. Cuando me preguntaron, “¿Por qué venía al encuentro, que expectativa tenía?”. Lo primero que respondí fue “Quiero creer”.
En mi mente en ese momento no había lugar para los temas espirituales y de Dios. Sufría de incredulidad. Pero si no puedo creer, ¿cómo hago para creer?. Esto me trae al versículo de hoy donde Yeshua/Jesús no pudo hacer grandes milagros en su tierra, en Nazaret debido a la incredulidad de la gente. Si ni siquiera lo reconocían como hijo de José, (se refieren al hijo de María) como era la tradición judía y asumo yo que lo habrían visto toda la vida en los temas de construcción de su padre José, entonces, ¿Cómo iban a poder aceptarlo como el Mesias?
Creo que la clave aquí es “dejar ir”. La gente de Nazaret tenía que dejar ir la arraigada imagen de Jesús y aceptar la nueva imagen del Santo que es.
Pienso que mi pregunta de ese encuentro comenzó a ser respondida cuando empecé a “dejar ir” la concepción terrenal y materialista que tenía de mi vida y empecé a reconocer a Yeshua como la persona Santa y Dios que es. Si no dejo ir y si no veo con otros ojos, puede pasar el mismo Yeshua en frente mío y nunca lo voy a ver.