Vi además que tanto el afán como el éxito en la vida despiertan envidias. Y también esto es absurdo; ¡es correr tras el viento! Ecl 4:4 NVI
En el libro de Eclesiastés, su autor el rey Salomón, al igual que el libro de proverbios nos da consejos sabios y en esta parte nos habla de la cantidad de cosas que son vanas en la vida.
El éxito terrenal es muy diferente al éxito que perseguimos los hijos de Dios. Cuando la motivación principal es la búsqueda del éxito en un afán continuo se despierta la envidia en las personas. Pero no solamente la envidia de otras personas hacia mi sino de mi hacía otras personas.
Cuando pongo el éxito como mi principal motivación y motor de vida entonces empiezo a correr una carrera que no tiene fin. Empiezo a afanarme en y a dedicar todo mi tiempo a este propósito. Las consecuencias de esto es que sin darme cuenta empiezo, como dice el autor en una carrera contra el viento. Se vuelve una carrera contra el viento porque la envidia se apodera de mi y cuando empiezo esta carrera voy a querer el trabajo del otro, la posición del otro, el carro del otro, la esposa del otro, los hijos del otro, el estilo de ropa del otro, las vacaciones del otro, la casa del otro etc.
Cuando nuestro propósito se vuelve en alcanzar el “éxito” terrenal empezamos una carrera afanosa de codiciar lo que no es nuestro (Exo 20:17)
Todo se convierte en absurdo porque nunca vamos a ser como el otro es como correr tras el viento.