Los Pactos de Elohim son eternos

Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre YESHUA, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido.
Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor. Lucas 2:21-23 RVR1960

En el último día de Sukot y a los ocho días fue circuncidado el niño como ordenaba la ley (Gen 17:12), Cumpliendo la señal del pacto hecho entre Abraham y Yehová (Gen 17:11).
Después de entrar en el pacto ordenado a todo varón nacido y después de la purificación de María, también como lo ordenaba la Ley (Lev. 12:2-5) fueron a presentar al niño en el templo y llevaron sus ofrendas.

Presentarnos ante Dios nos demanda estar limpios de cuerpo y alma, estar en la presencia del Señor y poder ver su rostro nos demanda estar en sus pactos. Una de las ventajas de nacer bajo la ley es que desde que nacemos vamos a hacer lo correcto y esto sin duda va influir en el resto de nuestras vidas. El buen ejemplo de los papás y su obediencia influirá en nuestras vidas, pero no te preocupemos si no nacimos en un hogar creyente y temeroso de Dios. No importa si no nacimos en una familia creyente como la de Yeshua, no importa si conocimos del Señor a edad muy avanzada, no importa si estamos avergonzados por situaciones y hechos que cometimos en el pasado. Yeshua vivió una vida libre de pecado y está ahí esperando por nosotros, por nuestro arrepentimiento, primeramente, aceptarlo a El como nuestro Señor y Salvador. ¿Y nuestra ofrenda? El ya fue el último cordero ofrecido para el perdón de pecados de la humanidad. Nuestro deber a partir de este punto es obedecerle, entrar en sus pactos y guardar su Torah para ser santos y dignos de estar en su presencia.
Hoy es un buen día para arrepentirnos y para entrar en sus pactos.