Los que pierden los estribos con facilidad tendrán que sufrir las consecuencias.
Si los proteges de ellas una vez, tendrás que volver a hacerlo.
Prov 19:19 NTV
La gran mayoría de pecados se comenten cuando la ira invade nuestras mentes y nuestros corazones y entonces le abrimos la puerta al enemigo para que el sea quien nos gobierne y tome las decisiones por nosotros, por esos breves espacios de tiempo cuando perdemos el control de nuestras vidas.
Tengo que decir que he cometido las más grandes estupideces de mi vida cuando la ira ha invadido mi mente y mi corazón. He ofendido de palabra y de obra terriblemente a personas que no debía, la mayoría de ellas cercanas a mi.
El proverbio de hoy nos dice que sufriremos las consecuencias de las obras hechas con rabia. Después de la ira y haber dicho lo y hecho lo que no debíamos, viene un sentimiento de culpa, esto en los que somos hijos de Elohim/Dios. Pero cuando no conocía al Señor, después de la ira venía mi propia autojustificación y racionalización de los hechos y las palabras. “Ah es que el otro me ofendió primero, es que el otro empezó, me miró feo, me habló feo etc…”. El proverbio dice que si protejo a alguien de las consecuencias de su ira, entonces lo volverá a hacer. Es por eso que nuestro Señor, que es justo y bueno, nos perdona el pecado, pero las consecuencias de nuestros actos son nuestra responsabilidad. Yeshua a través de su palabra nos alerta y nos muestra de antemano el resultado de obrar bien o mal. En la mañana de hoy pido al Señor un espíritu manso que me ayude a pasar por alto la ofensa, porque como dice 2Ti1:7, Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio, por tanto debemos estar atentos a su voz y a sus alertas. El Espíritu de Dios no quiere que pequemos, pero si por alguna razón, la carne nos gana y abrimos la puerta de la ira, entonces ayúdanos a ir rápidamente al afectado y pedir perdón, pedir disculpas y asumir las consecuencias como hombres y mujeres hijos de Dios.