Que mis palabras no dañen el fruto de mi trabajo

No permitas que tu boca te haga pecar, ni digas luego ante el mensajero de Dios que lo hiciste sin querer. ¿Por qué ha de enojarse Dios por lo que dices, y destruir el fruto de tu trabajo? Ecl 5:6 NVI

Hay pocas cosas que tienen reverso en la vida, entre ellas están las palabras dichas. Una palabra puede levantar a una persona, la puede hacer cambiar de decisión, salvar su vida. Pero una palabra también puede poner en peligro a alguien, herir y ofender alguien y también te puede hundir.
Muchas veces nos pasa que después de hacer una gran labor o un trabajo y le hemos puesto todo el corazón y el empeño en hacerlo que al final nos sentimos muy orgullosos. Tan orgullosos que a veces nuestras palabras lo único que generan es la envidia de quienes nos rodean y nos hacemos coger rabia con el exceso de palabras. Vanagloriarse de nuestras obras y nuestros trabajos y si además lo acompañamos con palabras de orgullo no solo se ve mal ante nuestro prójimo sino ante Dios.

La obra de nuestras manos y nuestro trabajo debe estar acompañado de humildad con palabras de agradecimiento al Eterno y que el fruto de nuestro trabajo sea como una ofrenda grata a los ojos del Señor porque no trabajamos para el hombre y su vanidad sino para el Señor. (Col 3-23-24).

Elohim nos bendiga, bendiga el fruto de nuestro trabajo y cuide nuestra lengua de vanagloriarnos de los dones que nos ha dado el Señor.