Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Mat 2:10-11 RVR 1960
Los reyes de oriente eran gentiles que venía de muy lejos a presentar los respetos al Rey que estaba naciendo en una época como la que estamos viviendo ahora, cumpliendo la profecía de Miqueas 5:2 “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel;”
Nada fue casualidad en la vida del Mesías, desde su nacimiento, su ministerio, su muerte, su resurrección, la venida del Espíritu Santo y su segunda venida también dará cumplimiento a sus tiempos.
En aquel tiempo en el primer día del comienzo de la fiesta de Sukot (tabernáculos) una estrella brillante anunció su nacimiento. Si analizamos bien sólo pastores y los reyes de oriente fueron capaces de ver la señal y llegar al sitio donde estaba el niño. Herodes que vivía en Jerusalén no pudo ver la señal y mucho menos llegar al sitio dónde estaba Yeshua.
Los reyes de oriente se regocijaron al ver la estrella. Venían de muy lejos siguiendo la estrella y sabían que sería el Rey salvador del mundo y por eso ofrecieron sus tesoros dignos de un Rey. Los reyes de oriente representan al mundo gentil, las ovejas perdidas de la casa a quien Yeshua vino a salvar primero. Yeshua se nos revela a través de señales y nos llama a seguir esa estrella y reflejar su luz “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Juan 8:12.